“2001”, la revista que fue del periodismo de anticipación al de liberación

Hay publicaciones que se han convertido en objeto de culto dentro del periodismo argentino. La revista “2001, Periodismo de Anticipación” pertenece a esa categoría. Siguió un periplo particular desde lo esotérico hacia lo político en 67 ediciones durante seis años en el que comenzó a fines de la década de los sesenta como una revista mensual para jóvenes sobre temas futuristas, ovnis y cohetería y terminó constituyéndose en polo de reflexión para una época de cambios irreversibles: Política, sexo, ecología, ciencia, aventuras gráficas y por supuesto el impacto de las nuevas tecnologías tuvieron por primera vez espacio en sus páginas.

Además fue semillero de muchos de los periodistas que expandieron las fronteras de la profesión buscando nuevos modos de expresarse, nuevos campos que reportar. Algunos de ellos posteriormente migraron a hippies californianos, otros hacia la militancia política, la publicidad o la poesía.

La cifra que le daba nombre ahora nos recuerda el desastre argentino, pero entonces como fecha era promesa de futuro, especialmente a partir del film de Ciencia Ficción homónimo. Fue una revista que en su tiempo debía leerse como editada “20 minutos en el futuro” por su slogan: “Periodismo de anticipación” lema que hoy podemos considerar justificado en tanto muchos de sus artículos se anticiparon a su época. Con algunas de sus producciones periodísticas abrió puertas, generó preguntas, estableció el marco para otras revistas que vinieron después.

¿Cómo sería hacer periodismo en esos años? En un mundo en el que las computadoras que soñaban son presencia casi ubicua en nuestros celulares, se nos hace difícil pensar en cómo ese ejercía la profesión en esa época. Estirando al límite las posibilidades de la gráfica por esos años, reseñando información que apenas llegaba desde el norte -donde el futuro se estaba construyendo- “2001” construyó un producto periodístico más que digno.

El debut de la revista se remonta a octubre de 1968, con una frecuencia de salida que fue primero quincenal y luego mensual. En algún momento llegó a mantener un promedio de ventas de más de sesenta mil ejemplares por edición. Su material se relacionaba  con ovnis, parapsicología, telepatía, misterios del cosmos y “alienígenas ancestrales”. Una revista que seguramente habría leído con fruición Fox Mulder, y de la que salen argumentos para capítulos de los X-Files jamás filmados, pero donde también se podía leer -desde el mayo francés- cuestiones relacionadas con medio ambiente, energía y espiritualidad, tecnología y futurismo- hasta artículos sobre arte, religión, reportajes a grandes personalidades de la época o la poesía de Ernesto Cardenal.

Sus páginas describen un interesante periplo en el cruce entre dos décadas y dos pensamientos: el grupo de gente que la editaba fue virando sus intereses desde la preocupación por la ecología, el esoterismo y las presencias extraterrestres hasta el compromiso concreto con las luchas de liberación que recorrían América Latina, incendiando una revolución que abarcaría desde lo político hasta lo sexual.

En una primera época su lema era: “Periodismo de anticipación”, y se enfocaba a la temática de ovnis, magia, civilizaciones antiguas  y cohetería, pero en febrero de 1973 -para el número 56- reemplazó ese slogan por “Periodismo de liberación” y comenzó a expresar su inclinación por la izquierda nacional.

 

A partir de entonces, hizo informes sobre Trelew y crónicas sobre la resistencia; cubrió movilizaciones y publicó homenajes a Allende y el Che Guevara. Algo de ese viraje ya se anticipaba tiempo antes, cuando en el número 41, con tres años en la calle la tapa de la revista muestra varios panfletos pegados en una pared, que dicen: ”Argentina mañana / universidad y conflicto / la revolución sexual/ Estudiantes debaten el rol revolucionario”, y en el interior se tratan cuestiones de literatura y cambio en América Latina.

 

 

Quizás de alguna manera justificó el cambio ante la convicción de sus integrantes de que un periodismo de anticipación debía comprometerse con la liberación latinoamericana. Poco a poco fue abandonando las notas sobre las armas secretas de los nazis, las potencialidades de los cerebros electrónicos, o el “cosmonauta” de Palenque, aunque continuó incluyendo en las últimas páginas proyectos para aficionados a la cohetería.

De alguna manera esa confluencia de intereses puede constatarse en su primer número -de octubre de 1968- cuando se preguntaba acerca de cómo serían las guerrillas en el siglo XXI. Tras el estallido del Cordobazo, en junio de 1969 la tapa del número 11 mostraba una foto del dictador Onganía mirando hacia arriba, como venta de una nota que analizaba la relación entre OVNIS y Fuerzas Armadas. ¿Qué otra publicación se atrevería a ese cruce?

 

 

Ya en su número 16, alterna notas sobre ovnis con una larga entrevista a SILO, quien más tarde fundaría el partido humanista. Entre los libros comentados, comienzan a aparecer obras de Marcuse, o la iglesia rebelde de América Latina.

En 1970 contrapone el fracaso del apolo XIII “Houston, tenemos un problema” con el triunfo del Lunokod ruso, lo que ya comienza a ser índice de que la búsqueda de esta revista por una nueva realidad, un nuevo despertar para el hombre, pasará inevitablemente por un compromiso social y político antes impensable.

Por sus páginas pasan colaboradores como Monseñor Jerónimo Podestá –quien sería el primer obispo casado- José Luis Alvarez Fermosel -el caballero español amigo de Hanglin-, quien comienza en 1971 una larga serie que investiga un tema inquietante: ¿Cómo resolverá el hombre en el siglo XXI el terrible aumento del tiempo libre? En ese momento se pensaba que en 1985 se trabajaría solamente 5 horas, 4 días por semana. Demasiado tiempo libre, lo que generaría nuevas preocupaciones… En esta nota no figura para nada la palabra “desocupación”…

A la revista la dirigían Enrique Loiacono y Eduardo Azcuy, y también escribían Carlos María Carón -que colaboraba regularmente con notas como la que realizó sobre Xul Solar-, Osvaldo Baigorria, Miguel Grinberg, Tomás Eloy Martínez, Tamara Kamenszain, y un Enrique llanas mejor conocido actualmente como Enrique Llamas de Madariaga, Horacio de Dios -ya viajando para contarnos cómo vivían las gentes de otras culturas- el cuentista del policial negro Eduardo Goligorsky y el director del Diario de Poesía, Daniel Samoilovich entre otros tantos.

 

 

Entre ese equipo resalta uno de los periodistas más insólitos que hayan surgido en esos años, Alejandro Vignati. Sus búsquedas de seres extraterrestres por todo el territorio argentino cual un José de Zer de la prensa gráfica, lo pusieron en pocos meses cerca de la consagración, inaugurando un tipo de periodismo “sobre ovnis” hoy tan impensable como sería entonces el periodismo económico o el judicial de nuestros días. Los “Hombres de Negro” le llamaban la atención por su presencia en los incidentes y los llamaba “ellos”, protagonistas bastante más tenebrosos entonces que los del film MIB por su tarea intimidatoria a testigos y a ufólogos.

Vignati fue jefe de redacción de la revista, y como tal viajó a Estados Unidos para ver la partida del Apolo 11, lo que para él fue muy impactante. También fue a Texas a entrevistar a James Mac Donald uno de los científicos que más “sabía” de ovnis del mundo. Después en base de esa entrevista y junto a otro autor produciría un libro que se llama “Ovnis la tercera dimensión”.

 

 

Este periodista estuvo en Olavarría a fines de 1969 para investigar lo sucedido el 17 de noviembre al encargado de la estancia “Mi recuerdo”, Aquilo Acosta, quien refería haber sido atacado con haces de luz roja por 17 extraterrestres. Fue asistido en la ocasión por integrantes del CORONI (Centro Olavarriense Rastreadores de Ovnis), entre los que destacó Luis Horacio Olivera, presidente de esa institución y vecino de la ciudad, muy conocido por ser durante muchos años el encargado de la Biblioteca local “1ro de mayo”. En la extensa nota se describen la visita al campo y los intentos de entrevistar al capataz, que estaba internado en psiquiatría del Sanatorio Olavarría por orden del Doctor Fernando Caldentey, sin lograr resolver el enigma de lo ocurrido.

 

 

Para algunos de sus colegas, Vignati fue uno de los primeros periodistas fallecidos a causa del HIV. Sin embargo su último editor, el ufólogo catalán Andreas Faber Kaiser, cree que fue víctima de oscuros personajes conocidos como “hombres de negro”. En octubre de 1993, éste refiere: “Hace once años de muerte no aclarada aún hasta hoy, en un Hotel de Caracas (Venezuela) desde donde estaba investigando para mi publicación Mundos Desconocidos los últimos experimentos norteamericanos … Al cabo de dos meses escasos de su muerte me vi obligado a suspender la publicación de la revista …”, dejando entrever que su muerte fue dudosa y atribuible a los casos que investigaba.

En otra ocasión la revista fue portavoz del fenómeno Ummo, un exoplaneta del que hipotéticamente procedería una civilización cuyos integrantes vivían de incógnito en la tierra y que habrían enviado documentos y cartas explicando sus intenciones a grupos de personas creyentes en el fenómeno ovni.

 

 

Con el tiempo se descubriría que todo era una compleja fantochada. Quizás algún ejemplar de 2001 fue a parar a manos de Carlos Jerez, un curandero que presumía  que por sus venas circulaba sangre ummita, y que erigió en Cañuelas un enorme platillo volador frente a su casa, a la que llamó “planta de investigaciones”. Allí recibió a miles de enfermos terminales a quienes prometía una “cura milagrosa” gracias a una tecnología médica importada de Ummo. En junio de 1976, la edificación fue cerrada por el Ministerio de Bienestar Social.

Una de las perlas de “2001” es la publicación de una historieta larga y compleja  (hoy la llamaríamos “novela gráfica”) escrita por Héctor Germán Oesterheld y dibujada por Leon Napoo llamada “La guerra de los Antartes”, en la que la Ciencia Ficción interpreta la línea editorial de la revista. En esa historia, una fuerza extraterrestre invade latinoamérica, subcontinente que ha sido entregado por las grandes potencias para salvarse del ataque.

 

 

Allí se cuenta que a principios de 2001, comenzó por la Antártida una invasión extraterrestre que derrotó al mundo en una guerra relámpago. El precio de la paz fue la entrega de Sudamérica a los Antartes por parte de las grandes potencias, que dejaron ese territorio librado al invasor. El protagonista es Mateo Rivas, sobreviviente del ataque a Buenos Aires quien relatará la guerra – con inmolación heroica del presidente argentino incluida- repitiendo la estructura del Eternauta dibujado por Alberto Breccia en la que no hay un héroe solitario, sino colectivo. Rivas relata su visión de la resistencia en la que héroes y mártires se van alternando hasta la victoria final. En esta obra Oesterheld profundiza, aunque más sutilmente a como lo haría más adelante, su manera de unir militancia y obra personal. Esta fue la primera versión de la historieta, que años después tuvo una remake escrita también por Oesterheld con dibujos de Gustavo Trigo para el diario Noticias, narración que quedó inconclusa tras la clausura del diario pero que afortunadamente fue reeditada completa posteriormente por Editorial Colihue.

La revista siempre tenso una búsqueda por respuesta a las eternas preguntas del hombre que comenzaría por lo individual para condensarse en lo grupal, de un modo diferente al que lo trataría tiempo después “Uno mismo” con la impronta de la década del ochenta por la superación personal individual.

Curiosamente, la segunda mitad de cada número estuvo dedicado al astromodelismo en ambas etapas de la publicación. Metáfora del imaginario de progreso que la carrera espacial aportaba por aquellos años a los inquietos hobbystas… Como si cruzamos la revista Lúpin primero con los “alienígenas ancestrales” del History Channel y luego con el enfoque de “El descamisado”.

 

De algún modo, la revista “2001” quizás fue ahijada de “Eco Contemporáneo” y tía lejana de la “Mutantia” en la que determinadas temáticas comenzaron a aparecer con más firmeza. Prima de “Cuarta Dimensión”, donde la Ciencia Ficción se codeaba con los relatos de avistamientos de Ovnis. Pero progresivamente van ganando espacio en sus páginas un tipo de notas que evidenciaba otras preocupaciones por parte de sus editores.

En marzo de 1972, la revista armó una mesa redonda llamada “Sexo y Liberación”, una urgencia temática del momento histórico. A partir de las intervenciones en aquella mesa, reproducidas parcialmente en el dossier “Sexo y Liberación” del número 45 de la revista, comenzaron a publicarse cartas de lectores interesades, mediante contactos por correo y boca a boca, pronto se lanzó la convocatoria a un segundo encuentro para seguir discutiendo el tema. A uno de ellos fue Néstor Perlonger, quien propuso fundar un grupo que funcionara como alianza entre disidentes excluidos por las izquierdas: las primeras feministas, el activismo que aún no era llamado gay, los “varones heterosexuales concientizados”, las parejas partidarias de intercambios, comunas y matrimonios colectivos. Juntos produjeron el documento “La moral sexual en la Argentina”, publicado parcialmente por la revista en septiembre de 1973 firmado como “Grupo de Estudio y Práctica Política Sexual”. Posteriormente, en el Nº 65 de diciembre de ese mismo año apareció una investigación similar firmada por O. B., es decir, por Osvaldo Baigorria.

 

 

A partir de allí la revista se abrió plenamente a nuevas temáticas. En la edición 60 presentaría en tapa una producción sobre: “El erotismo en las religiones”. Comentaría libros de Freire, inauguraría una sección llamada: “La revolución diferente”, investigaría la nueva educación, o promovería el “cine subterráneo”. En su etapa final, una nota sobre Tahití puede incluir esta frase: “dado el consumo que hacen los yanquis de lugares y países a través de ese invento monstruoso que se dio en llamar turismo…” bien lejos de la tan llamada “industria sin chimeneas” que tanto nos entusiasma hoy como única estrategia de salvación para la periferia.

 

 

2001 fue una publicación que se amoldó a los nuevos tiempos que le tocó atravesar e interpretar los problemas sociales de modos disímiles. Adoptó un punto de vista singular alrededor de un abanico de temas que recorrían el discurso revolucionario de entonces: ovnis, contrapoder, revolución sexual, lenguaje extraterrestre, alucinógenos y anfetaminas, feministas oprimidas, sexo liberado, píldora masculina anticonceptiva, astronáutica y cosmos, el Hombre Nuevo; juventudes anarquistas, y sigue la lista de temas polémicos tratado, que siempre giraban alrededor de las tendencias hacia las que evolucionaría nuestra sociedad cruzados con los avistamientos extraterrestres, la Atlántida y los astrogramas cósmicos.

 

 

De alguna manera la revista fue una botella arrojada al mar turbulento de unos tiempos para los que el cambio de siglo estaba en un futuro apenas imaginable. Para los habitantes de esta época y las posteriores, lo escrito, escrito está y puede leerse en las páginas de los ejemplares sueltos y colecciones que se ofertan en Mercado Libre y otros sitios de compraventa con un fervor que la identifica como una publicación de culto, con un mensaje todavía vigente para quienes quieran tentar la aventura de conocerla.

Agradecemos a la Biblioteca Popular Primero de Mayo el préstamo de los ejemplares que sirvieron para elaborar la nota.

La única publicación académica que menciona a la revista “2001” es  el libro: Carman. Facundo (2015). “El poder de la palabra escrita. Revistas y periódicos argentinos (1955-1976)”. Buenos Aires: Biblioteca Nacional.