Ailín, hacia su día de justicia: las margaritas y el divagador no perdido

Se preveía un par de jornadas para este 8 y 9 de noviembre. Sin embargo, el juicio tuvo su instancia de fundamentos, testimoniales, alegatos y dictamen del jurado, en una audiencia que se prolongó desde las 11 hasta alrededor de las 22.30 de este jueves. Para empezar casi por el final, el jurado (integrado por seis hombres y seis mujeres, de un promedio de edad de más de 40), por unanimidad, encontró a Damián Gómez culpable de ‘homicidio agravado por haber mantenido una relación de pareja y por ser perpetrado en un contexto de violencia de género’, lo que equivale a femicidio. Este lunes se conocerá la sentencia. Mientras tanto, en algunas entregas, Miradas del Centro hará su aporte al conocimiento de la causa y de la audiencia.

La cita era a las 11, en la sede del poder judicial en Tandil. A pocos metros del Hospital que hacia las 4 del 11 de noviembre de 2017 recibió en la guardia a un joven con cortes superficiales en brazos y cuello, cual ‘simulacro de suicidio’. Autor de un asesinato que dejó en estado de perplejidad y conmoción a Tandil y a la región: Damián Alejandro Gómez, de 27 años, acababa de matar de manera premeditada y con una atrocidad inusitada a Ivana Ailín Torres (26 años), su ex pareja desde los 18. El asesino había dejado su auto sobre una calle imposible de visualizar y levantar sospechas ni alertas. Aún sin tenerse en claro cómo fue que ingresó al departamento de Ailín (en un complejo de 4 de abril al 500), la esperó escondido en el baño, durante algunas horas en la noche, con un cuchillo que él mismo llevó al lugar del hecho. Ailín llegó de una fiesta, con su recién presentado novio, el policía Nicolás Guallarello. Apenas tuvieron unos minutos, que les alcanzó para descalzarse en la habitación: Ailín se dirigió al baño y desde allí emitió un grito tan extraño como aterrador.

Al interior de la sede de Uriburu Sur al 700, se encontraban familiares y amistades de Ailín Torres, junto a los del femicida Damián Gómez y del policía Nicolás Guallarello. Mientras se estaba en la espera a la entrada a la poco espaciosa sala del Tribunal Oral Criminal Nº1, hubo algunos gritos de ‘asesino’, pero que no pasaron a mayores. Mientras tanto, corría cual rumor que la Fiscalía, encabezada por el fiscal Gustavo Morey, presentaría nueve testigos, mientras que la Defensa de Gómez, a cargo del abogado Claudio Castaño, desestimó presentar sus cuatro testigos, familiares directos de su defendido.

En la sala, se organizaron les integrantes del jurado. Minutos después, ingresó Damián Alejandro Gómez, esposado, con una remera en cuya espalda tenía una frase, en inglés, muy particular y en llamativo tamaño: “Not all those who wander are lost”. En uno de los cuartos intermedios, hubo quienes memorizaron la frase y googlearon su traducción: “No todos aquellos que divagan están perdidos”. ¿Mera casualidad, confesión o suerte de provocación?

Luego de las instrucciones iniciales brindadas por el juez Pablo Galli, a quienes integran el jurado, también les leyó las estipulaciones probatorias que las partes han convenido como ya probadas: el hostigamiento vía mensajes, llamadas y apariciones intempestivas que llevaba hacía un tiempo Damián Gómez a Ailín Torres, y lo ocurrido en la madrugada del sábado 11 de noviembre de 2017, que terminó en ese violento y ensañado asesinato.

El fiscal Morey formuló el alegato de apertura, sobre las etapas de un proceso que se inició con un llamado al servicio de emergencia de la policía sobre un homicidio en un departamento de 4 de abril 517. También hizo lo suyo el defensor de Gómez, Claudio Castaño, sobre el ideal de justicia, “de dar a cada uno lo que le corresponde”, y que no hubo objeciones en el proceso porque “no se debía entorpecer ni divagar ni estirar en el tiempo una resolución respecto de Gómez, porque acá tenemos el drama de dos familias destruidas, que merecen respeto y una respuesta”. Sí discrepó Castaño con el relato del fiscal sobre el rol de Nicolás Guallarello, entonces reciente pareja de Ailín, policía, al llegar como testigo al juicio, y adelantó: “Damián Gómez no la mató por ser mujer”. Arremetió contra “esto que está de moda de que todo es femicidio” y cerró: “Voy a abogar por la absolución de Damián Gómez por el delito de femicidio. Creo que técnicamente es otra cosa”.

Se agregaron pruebas por lectura, como los mensajes de whatsapp entre Ailín y Gómez, en cerca de doscientas páginas, donde se reunieron las capturas de pantalla de las conversaciones de julio a noviembre de 2017, poco antes del desenlace atroz. Ambas partes desistieron de algunos testigos. A minutos de iniciarse las testimoniales, Castaño reiteró el pedido del legajo policial de Nicolás Guallarello y, de no ser posible, la presencia de algunos superiores para explicar el por qué de no brindar esa documentación.

El primero en brindar testimonio fue Mario Montero, agente de la Policía Local, que intervino al recibir la llamada al 101, por una aparente pelea de pareja, aunque al acercarse al lugar les informaron que podía tratarse de un homicidio. Al llegar al departamento, interceptaron y redujeron “a un hombre corriendo con un arma en la mano”, que luego se identificó como el oficial Nicolás Guallarello e indicó de qué departamento se trataba. Los condujo hacia allí y, al intentar abrir, descubre que la puerta estaba con llave, Guallarello pateó y derrumbó la puerta. Se encontraron en el baño con el charco de sangre y a Ailín, y a Damián Gómez tirado en la cama, “con heridas superficiales en sus muñecas y un par de puntazos”. Montero describió esa escena trágica y los procedimientos realizados posteriormente, como constatar signos vitales.

Luego, el turno del subcomisario Fernando Gómez, de la Policía Científica Tandil, que ahondó sobre el lugar del crimen y la sectorización de indicios y evidencias, en el departamento de 4 de abril al 500. Sobre el complejo y el departamento del segundo piso, la Fiscalía presentó fotografías e hizo hincapié en la escalera que comunica el techo con la medianera trasera, en la disposición del departamento, en los cubiertos del cajón de la cocina, en la ventana del dormitorio algo abierta. La Fiscalía también exhibió en la serie, sin previo aviso, la foto de cómo fue hallado el cuerpo de Ailín. Hubo quienes, como reflejo, desviaron la mirada a cualquier otro punto de la sala, mientras familiares y amigas de Ailín respondieron con llanto. Ante cuestionamientos de Castaño sobre el lugar del cuchillo utilizado por el femicida en la escena, Morey aclaró que en esa foto estaba el arma, pero evitó exponer más tiempo la imagen, “por una cuestión de natural humanidad”.

“DAMIÁN ME DIJO ‘YO JAMÁS LE HARÍA DAÑO A AILÍN’”

Cristina Farías, mamá de Ailín, comenzó a sentirse mal al intentar relatar. Tomó agua y se tranquilizó: “Voy a tratar”. Sobre cómo habían iniciado su noviazgo Ailín y Gómez, con la voz muy entrecortada, indicó: “Ailín tenía 17 años, y este chico 18. Eran compañeros de la escuela”. A los dos años de noviazgo, comenzaron a convivir, en la casa de la familia Torres. Ailín y Gómez “vivían en una habitación de arriba, la de Ailín. Casi siete años de convivencia”. Una relación a la que Farías definió como “buena. Se le daba todo lo que se podía, convivía con nosotros, almorzaba, cenaba, dormía… Era como un hijo para mí”. Según su relato, al terminar la secundaria, Gómez trabajaba, durante el verano, como diskjockey en Villa Gesell, junto al hermano mayor de Ailín. “También trabajó un tiempo con mi esposo, en la tornería”, luego la nada, y “en el último tiempo, creo que trató de estar de remisero”. Por otra parte, Ailín “trabajaba mucho con los animales, porque ama a los animales, y tenía peluquería canina en mi casa. Se dedicaba a sus animales. Era lo que más amaba ella”. Estudiaba ‘Administración de pymes’ en el terciario de la Escuela Normal, bailaba árabe, “hacía de todo un poco”. Damián también había comenzado a estudiar esa carrera terciaria, aunque Cristina no recordó si empezó junto a Ailín o tiempo después, pero sólo quedó en un inicio que nunca continuó.

Ailín tenía muchas amistades. Mucha gente la quería mucho. Era muy buena persona”, recalcó su mamá. Indicó que existía un vínculo con la familia Gómez, que habían estado en su casa porque le festejaron varios cumpleaños a Gómez en casa de los Torres. Sobre la convivencia de su hija con el femicida, en aquellos tiempos, “nunca vimos nada raro. Normal. Él era un poco celoso con ella, pero uno lo tomaba como de la pareja. Un poco posesivo, pero lo tomaba como que la quería demasiado. Nunca me involucraba en su pareja. Delante nuestro, nunca peleaban, rara vez discutían”.

La decisión de mudarse al departamento de 4 de abril fue de madre e hija: “Llegó un momento en que les dije que deberían hacer una vida aparte, como pareja, porque no venían muy bien, para ver si realmente la convivencia funcionaba. En casa, eran todos hijos míos y hermanos, no eran prácticamente una pareja”. Además, Ailín se quería independizar, pero Gómez no la apoyaba, ni siquiera aportó en la búsqueda: “No se quería ir de mi casa. Siempre dijo que éramos como su familia, que nos quería mucho”. Se mudaron en marzo de 2017. “Ya venían más o menos, pero sin agresiones. Creo que ya mi hijita no lo amaba más. Lo quería mucho, pero no lo amaba”.

La familia de Ailín equipó el departamento y ayudó en el pago del alquiler. Damián, aunque remisero, “no trabajaba mucho. Se iba para casa y Ailín, que estaba con la peluquería canina, le tenía que lavar el auto, mientras él se quedaba tirado en el sillón. Dejaba pasar las horas y le devolvía el auto al papá… Así era su vida en el último tiempo”. Cristina subrayó: “Ailín ya no quería seguir, pero él siempre le pedía una oportunidad. Le decía que no tenía dónde estar, que los papás ya no tenían la habitación que tenía antes, que dormía en el auto, que estaba en la casa de un amigo… Con eso que decía, a Ailín le daba mucha lástima, y lo volvía a aceptar”. Separaciones previas a la mudanza. Aún en casa de los Torres, repitió el modus operandi dos veces: “Se iba con sus cosas y volvía”.

La separación definitiva llegó para el cumpleaños de Ailín, hacia fines de julio de 2017. “Ailín volvió a casa dos veces, porque él no le quería dejar el departamento. Fui y le dije: ‘Dami, tenés que pagar vos el departamento. Yo no te lo voy a pagar’. Se quedó hasta fin de mes, que le entregó las llaves a Ailín. Ahí volvió Ali a su departamento. Sola”. Luego del corte, siguió el contacto, “más allá de que Ailín no quería volver con él como pareja”, mientras Gómez explotaba la pena y la culpa de Ailín con el mismo relato que repetía siempre. Hasta aparecía en lo de los Torres: lavó el auto, se tiró en el sillón y se durmió. “La llamé a Ailín. ‘Y qué hace en casa’. ‘No sé, hija, vino’. ‘Que se vaya’”. Cristina lo despertó. “‘Uy, sí, Cris, perdoname’, se levantó y se fue. Para mí, era un hijo más en casa. Nunca imaginé nada de todo lo que pasó”.

Uno de los hitos de la escalada violenta de Gómez se registró en el amanecer del sábado 28 de octubre. “A las 7 de la mañana, me llamó mi hija desde el departamento. ‘Mamá, está este pelotudo acá, me rompió la ventana’, la de la habitación. Salimos corriendo con el padre. En el momento en que llegábamos, él se iba. Lo llamé y le dije: ‘¿Qué hiciste?’ ‘No, Cris, fue sin querer’”. En ese momento, Cristina lo alertó con que lo denunciaría si seguía con esas actitudes. “Se me puso a llorar y me dijo: ‘Cris, vos no me podés hacer eso’. Hablamos mucho ahí, me pidió perdón, incluso me dijo ‘Yo jamás le haría daño a Ailín’. ‘Eso espero’, le dije”. Farías le pidió: “Buscate una novia, otra chica, ya Ailín no te ama. Dejala tranquila”. Y él le retrucó: “No, pero es que me tiene que dar otra oportunidad”. Llegaron su padre y su hermano, y se lo llevaron. “Desde ahí, no lo vi nunca más. Fue la última vez que hablé con él. Subimos con mi marido al departamento, Ailín estaba muy nerviosa, muy enojada. Nos fuimos para casa, porque tenía perritos para bañar. Quedó todo ahí”.

Cristina supo de otras “de apariciones imprevistas. Creo que él la vigilaba. Le tocaba timbre a cualquier hora, pero ella no le abría. Se iba y le mandaba mensajes. Él siempre le decía que si ella no lo aceptaba, se iba a matar, que él se iba a hacer daño”. Para tranquilizarla, le decía: “Hija, el que avisa no se mata. No se va a hacer nada. Te dice esto para asustarte, nada más”, y Ailín le respondía: “¿Y si se hace algo? ¿Después cómo quedo?’. Su familia le pidió varias veces que lo denuncie, pero ella siempre se negó: “tenía miedo de que él se hiciera daño y tener que quedar con esa culpa. Siempre lo cuidó, a pesar de todo. Que se iba a tirar no sé de dónde, que no lo iban a encontrar más. Esas cosas sí me las decía Ailín. Pero bueno…

La circunstancia en que lo conoció a Nicolás Guallarello también lo tuvo a Gómez de por medio. “Ailín estaba en casa, luego de trabajar y fue este chico, Damián, porque quería hablar con ella. Ailín se fue con él y en vez de llevarla a la casa, la llevó al Cerro El Mate”, cuando ella tenía una reunión a las 19 y Gómez prometió llevarla al departamento. “Yo llamaba y Ailín no me atendía. Me estaba preocupando. A las 19, fuimos con el papá a la casa, y cuando llegamos, salió Ailincita con un ataque de nervios, llorando”. En ese momento, entró Guallarello, “que había pasado por ahí y había visto que Ailín se había bajado del auto de Damián, y ver qué había pasado, porque la vio en ese ataque de nervios”. En esa ocasión, Ailín le contó que “me llevó allá, no me quería traer, y quería que vuelva con él y que vuelva con él”, y que le decía a Gómez: “Mamá debe estar preocupada”, porque no era común que Ailín no atendiera las llamadas de Cristina.

Sobre Nicolás Guallarello, Ailín no le había comentado aún nada a su mamá, y esa tarde, él se presentó como “un compañero del proyecto Anway”, aunque Cristina imaginó que había una relación que luego se la confirmó Ailín. “No se mostraban juntos, por temor. Ella estaba muy bien con este nuevo chico, pero tenía mucho miedo de Damian, de que él se hiciera daño si la veía con otro, o les hiciera daño a ella y su nueva pareja”.

La noche del 10 de noviembre de 2017, Ailín se encontraba en casa de sus padres, junto a toda su familia, celebrando los 80 de la abuela. Misma noche en que presentó a Nicolás como su nueva pareja. Siempre se celebraban los cumpleaños en aquella casa y Gómez había participado en los anteriores. La del 10 de noviembre era una fecha que probablemente Gómez recordara. De allí, Nicolás y Ailín se fueron con dos familiares, para acercarlos a sus domicilios, y con ‘las nenas’, las dos perritas de Ailín. Perritas que, ya separados, Damián le pedía ver. Incluso, llamó alguna vez a Cristina para que intercediera ante Ailín.

Preguntada por la Fiscalía sobre cómo era recibida Ailín en la familia Gómez, Farías respondió: “Creo que bien. Tenía mucho contacto con uno de sus hermanos, con Nico, que siempre que Ailín lo llamaba por alguna cosa que hacía Damián (que le tocaba el timbre o la molestaba), era quien iba siempre a buscarlo. Era con el que ella hablaba más. Con los padres supongo que también tenía buena relación”.

A la hora de las preguntas, el abogado defensor Castaño indagó sobre el ‘Proyecto Anway’, lo que provocó sorpresa y hasta alguna risa en el público. La mamá de Ailín se limitó a contestar lo que sabía de oído, ya que ella no participaba de ello: “Es como una venta de productos, internacional”, a lo que Castaño insistió: “¿Captación de personas, donde hacen grupos y compiten por quién vende más?” Cristina sólo refirió que se trataba de ventas de productos como, por ejemplo, jabón en polvo, y que se sumaban puntos. Afirmó que Ailín y Gómez lo intentaron juntos, “pero él nunca fue a las reuniones”.

Castaño le preguntó a Cristina si cuando lo notaban ‘desganado’ a Gómez con lo del remis, le dieron la posibilidad de cumplir labores en el taller de su esposo: “No. Él había estado trabajando con mi marido, pero en ese momento, como está todo, no se le podía pagar. Iba a ir ad honorem”. Sobre si podía describir a Gómez como un ‘quedado’, ‘sin ganas’, ella dijo: “Puede ser, pero él no fue siempre así’. Notó el quiebre cuando la pareja se desgastó. Admitió que “nos puede suceder a cualquiera. Hay uno que ama más, otro menos”, a lo que Castaño acotó: “Pero ninguno de los que estamos acá, aunque nos pasó en mayor o menor medida, tuvo este desenlace. ¿Qué le hace pensar que haya tenido este desenlace?” Cristina fue sincera: “No lo sé. Nunca lo hubiese esperado. Jamás y menos de él”. Por eso, jamás hicieron una denuncia, un alerta a ninguna organización, y “porque mi hija no quería denunciarlo, porque él siempre decía que si lo denunciaba él se iba a matar, que se iba a hacer daño. Siempre en contra de él, nunca hacerle daño a ella. Ella ya no lo amaba, pero lo quería. Estuvieron nueve años juntos. Incluso, ella nunca le tuvo miedo ni nada. Y nosotros tampoco”.

La defensa le preguntó a la mamá de Ailín sobre algún alerta “de que esto podía terminar mal”, y ella insistió en que “jamás imaginamos un desenlace así’; y acerca de aquella rotura de vidrios de octubre de 2017. Cristina repitió que en esa ocasión, Gómez le dijo que fue sin querer. Y Castaño interrumpió: “Y usted le creyó”. Ella asintió. Y agregó el defensor: “Porque era un nene bueno…”. Farías respondió: “Claro… Qué se yo”. Sobre lo de “celoso y posesivo”, el abogado preguntó si era por la vestimenta, ya que “los hombres a veces nos ponemos celosos porque la mujer se viste de tal o cual manera”. Farías sólo contestó: “No tengo idea. Eran cosas de ellos. Además, no tiene nada que ver que la mujer se vista como se vista. El hombre no tiene ningún derecho sobre las mujeres”. Sobre la razón de los celos, que para Castaño “es normal hasta que pasa a ser patológico”, Farías ya no sabía cómo explicarle que eran cosas de esa pareja en la que ella jamás se había metido. Y de haber observado esas actitudes de Gómez, si hubiera hecho algo para que cesaran, “sin el consentimiento de Ailín, yo nunca hice nada”.

Las preguntas por el oficio y el rol de Guallarello quedaron para el final. Cristina sabía que Nicolás era policía porque se lo dijo Ailín, cuando le contó que lo estaba conociendo. Sobre el comportamiento de la última pareja de Ailín, en su condición de policía, Farías fue clara y contundente: “Él no la pudo defender“. Luego de un silencio de casi un minuto, Castaño preguntó: “¿Usted lo perdonaría?”. Con esa misma seguridad, soltó un ‘No’ que cortó el aire de la sala. No quedó claro a quién se refería Castaño con ese “lo perdonaría”, teniendo en cuenta que se estaba hablando de Guallarello. Sin embargo, varias personas que se encontraban muy cerca de la Defensa, observaron que en ese silencio previo a la pregunta final, Gómez escribió algo en un papel que le pasó a su abogado y él le transmitió la pregunta a la mamá de Ailín.

“A AILÍN LE PARECÍA RARO QUE ALGUIEN LA INVITARA AL CINE, A TOMAR ALGO, A PASEAR”

El cuarto testimonio lo brindó Macarena Ferreira, con una margarita entre las manos, flor que le nombró Ailín a su papá, en un sueño, días después del femicidio. Macarena se presentó como ex cuñada de Ailín: fue novia de Federico, uno de sus hermanos, durante cinco años. Supieron convivir los ocho, casi todos los días, en la casa de los Torres. Sobre su relación, Ailín le habló  de los celos de Gómez: “Le revisaba el teléfono. La mayor parte del tiempo, el celular de Ali lo tenía él. Le revisaba los contactos, los mensajes. En el último tiempo, le había puesto contraseña para que él no se lo agarrara”. Relató que Ailín, fan del grupo Airbag, iniciado el 2017, les escribió y uno de los integrantes le respondió un sencillo e impersonal ‘gracias por seguirnos’. “Damián lo vio y se generó una pelea. Le dijo que no tenía por qué escribirles”. Se fue de lo de los Torres y volvería si ella dejaba de escuchar y seguir al grupo. “Ali aceptó y él volvió. Pero ella no cumplió, porque le gustaba esa música y la seguía escuchando”.

Sobre la mudanza al departamento de 4 de abril, Macarena refirió: “Ailín siempre lo hizo pensando como pareja. El alquiler lo pagaba Ali, con ayuda de los padres”, y que, por lo que sabía, Damián no aportó nada. “Los papás de Ailín le brindaban todo a Damián. Trabajaba en el Remis Alas, a la mañana, en el auto del padre, que trabajaba ahí. Iba todas las mañanas a la quinta para que Ali le lavara el auto, en el tiempo en que tendría que estar trabajando el auto. Y Ailín lo hacía. Después, Damián a veces se quedaba y a veces se iba”. Luego de la separación, Ferreira estaba al tanto de que Gómez seguía yendo a la quinta y que se le aparecía a Ailín en el departamento. Macarena recordó que Gómez apareció el 1 de octubre de 2017 en la casa de los Torres, ya separado de Ailín. “Le empezó a mandar mensajes a Ali de dónde estaba. Cuando Ali le dice que estaba en la quinta, festejando mi cumpleaños, se apareció. Salieron unos familiares y les dijo por qué no lo habían invitado, si él era parte de la familia. Ali se quedó adentro, conmigo, y los primos de Ailín lo echaron a Damián”.

Ailín como Gómez tenían un juego de llaves del departamento. Macarena no sabe a ciencia cierta si Gómez devolvió esas llaves, o se hizo una copia. En tiempos en que Gómez se quedó en el departamento, ni bien se separaron, Ferreira fue a hablar con él, ya que “éramos amigos. Había empezado a decirle a Ali que se quería lastimar. Le escribí y un día fui al departamento y me contó qué le pasaba a él. Quería volver con Ali. Estaba mal”.

Tiempo después del cumpleaños de Macarena, en octubre, Ailín le contó a su confidente que “se estaba empezando a ver con un chico del grupo Anway y se estaban conociendo. Noté que Ailín estaba más feliz. Le parecía raro que Nico la invitaba al cine, la invitaba a tomar algo, salían a pasear”. Interrumpió el Fiscal, extrañado: “¿Le parecía raro?”. Ferreira respondió: “Sí, porque con Damián no hacían esas cosas. Por lo menos, no en el último tiempo. Le cambió el estado de ánimo, pero no quería exhibirse con él, porque tenía miedo de que, en algún momento, Damián la viera y no saber cómo podía reaccionar él”.

Sobre la noche del 10 de noviembre de 2017, Ferreira relató lo que Cristina, sobre los 80 de la abuela de Ailín y la primera vez que fue Guallarello a lo de sus incipientes suegros, luego del casamiento de su hermana, donde fue presentada Ailín. Hacia las 2 del 11, se fueron en el auto de Nicolás, y allí fueron también Macarena y Marcos Amezcua, primo de Ailín, para ser acercados a sus casas, cerca del departamento de Ailín. Por las veces en que fue a comer a lo de su ex cuñada, a Ferreira le preguntaron sobre los cubiertos que había en esa época en el departamento: “Cubiertos de mango verde le había dado la mamá de Damián, pero cuando se fue, se los llevó y la mamá de Ailín los reemplazó con otros, los de la foto. No había otros”.

Castaño le preguntó a Macarena por los trabajos de Gómez y si Ailín iba a cargar combustible a algún lugar en especial, como la estación de servicio donde trabajaba el padre de Gómez: “No que yo sepa. Además, sólo sabía que el papá de Damián era remisero”. Sobre la escena de celos por el mensaje de Airbag, a la que Castaño tildó de “supuesta”, el abogado retrucó su defendido llevó a Ailín a un recital del grupo en el Luna Park. Ferreira ratificó: “Sí, pero le hizo la escena de celos”. Varias amigas, en un cuarto intermedio, comentaron que en ese viaje Ailín la pasó muy mal, con su ex manejando peligrosamente en la ruta y peleándola frente a otras personas. Sobre las extorsiones de Gómez a Ailín, Castaño le preguntó a Macarena si nunca le había recomendado a Ailín tomar algún recaudo, hacer una denuncia, a lo que contestó: “No, porque no lo pensé. No creí nunca que la iba a lastimar”, a lo que el letrado la presionó con que es obligación, en materia de violencia de género, denunciar, aún cuando la persona víctima no quiera hacer la denuncia. Hasta le reprochó que no supiera de la línea 144.

Al mencionar que a Guallarello lo conoció en persona, poco antes de la noche del 10 de noviembre, y que no sabía que era policía pero sí parte de Anway, Castaño volvió sobre esa empresa y su naturaleza, y despertó nuevos comentarios en el público. Sobre Guallarello, Ferreira indicó que le resultaba menor que fuera o no policía: “Me importaba saber cómo la hacía sentir a Ali. A mí me importaba ella”.

Sobre si había charlado sobre los celos con los papás de Ailín, para alertarlos “de que estaban pasando cosas que no se podían naturalizar”, Ferreira dijo que “era tema común con Ali, pero nunca nos pusimos en alerta. A Ali ya le era hostigamiento que Damián tomara esas actitudes: le preguntaba todo el tiempo en dónde estaba, qué iba a hacer, sabía los horarios de Ali, se le aparecía en el departamento”. Mientras se escuchaban sollozos, Castaño indagaba sobre si lo creía capaz a Gómez de tomar una decisión como la que tomó, y si de haberlo creído posible, qué actitud hubiera adoptado, si lo hubiera dejado pasar: “No lo sé”. Preguntas que más pretendían quebrar a la testigo, tales como: “¿No lo sabés, porque no te interesa, porque te parece mínimo el tema?” Ferreira sólo manifestó: “No sé cómo reaccionaría en ese momento”.

Castaño quiso saber si ella formaba parte de “cierto activismo en redes sociales”, a lo que Ferreira se refirió a la página ‘Justicia por Ailín’, compartiendo lo que allí se publicaba. Y continuó el defensor de Gómez: “¿Con qué afán, este activismo deliberado en redes sociales, sobre el hecho consumado y no con anticipación?” Con gran fortaleza y sinceridad, Macarena le respondió: “Porque hasta que no te toca, no sabes lo que te provoca. A nosotros nos tocó pasar por eso, para darnos cuenta de que estaba mal y de que hay que hacer algo. No era un hecho previsible”. Luego de tanta tensión acumulada, tuvo lugar el primer cuarto intermedio.

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