Glifosato: el Chernobyl de Argentina

El glifosato es el agroquímico más utilizado para el control de malezas en agricultura. Se trata de un producto fuertemente cuestionado por los efectos en el ambiente y la salud y que podría tener más consecuencias de las que se conocen. Nota de Abel Sberna compartida desde El Rompehielos.

Por estos días uno de los temas más recurrentes en las redes sociales es la catástrofe de la central nuclear de Chernobyl. Gracias a la popularidad de una miniserie de la cadena estadounidense HBO muchas personas están conociendo el peligro que representa el uso de la energía nuclear y de las terribles consecuencias de la liberación de radiación en el ambiente. La contaminación radioactiva es mortal y puede tornar vastas extensiones de territorio en zonas no habitables por cientos o miles de años.

En la época del desastre de Chernobyl la información estaba velada al público, quien en su gran mayoría desconocía lo que estaba sucediendo y los efectos devastadores de la contaminación proveniente del núcleo del reactor destruido. Muchos años pasaron para que comprendamos el daño provocado en el ambiente y la salud humana por el uso imprudente de la tecnología.

Sin embargo poco hemos aprendido y quizás en algunas décadas nuestros descendientes no comprendan como pudimos ser tan imprudentes de utilizar una tecnología de la cual aún no conocemos su impacto real en el ambiente y las consecuencias que este puede tener para la vida silvestre y humana en el futuro cercano. Tal vez dentro de unos 40 años HBO produzca una serie similar que muestre los litros de glifosato que diariamente se aplican sobre las miles de hectáreas sembradas de América y el público observe impotente como los personajes consumen la producción de esos campos envenenados para sufrir, capítulos más tarde, las terribles consecuencias.

El año pasado falleció Fabián Tomasi, un ex peón rural que luchó durante años contra una severa enfermedad causada por los agroquímicos. Fabián murió afectado de una polineuropatía tóxica metabólica severa que le causó una disfunción del sistema nervioso periférico. A causa de ésta enfermedad Fabián pesaba algo más de 40 kilos, tenía todo su cuerpo afectado por deformidades, padecía de intensos dolores y desde que se le diagnosticó la enfermedad, su esperanza de vida era de 6 meses. Durante años luchó contra los efectos nocivos de los agroquímicos con los que trabajó asistiendo a fumigadores en el campo entrerriano.

 

Su caso es un ejemplo extremo de los efectos de la exposición a estos químicos, los cuales la principal empresa productora e inventora del producto, Monsanto, se ha empecinado en promocionar como seguro e inocuo para la salud durante años y a denunciar mediáticamente que el mito de la peligrosidad de su producto estrella, el RoundUp (herbicida a base de glifosato) se trata de una campaña en contra de la empresa. Sin embargo son numerosos los estudios que han demostrado el peligro de este agroquímico y en los últimos tiempos la empresa viene sufriendo derrotas legales contra personas con su salud afectada por el glifosato.

Pero más allá de estos casos donde por lo general los afectados son aplicadores y personas que trabajan directamente con el químico, la preocupación principal ronda sobre los efectos a largo plazo derivados de la acumulación del glifosato en el suelo y los cursos de agua. Estudios realizados durante la última década sugieren que el glifosato contamina las fuentes de agua, permanece en el suelo por más tiempo del que se esperaba anteriormente y daña los suministros alimenticios humanos. Hay indicios de que el glifosato causa enfermedades en los mamíferos, incluso varias generaciones después de la exposición inicial.

 

Los estudios en animales de laboratorio han demostrado que el cáncer no es el único riesgo para la salud asociado al glifosato, ya que la ingesta de este químico puede provocar daño hepático y malformaciones congénitas. Un estudio reciente indica que el glifosato podría perturbar las funciones biológicas por generaciones y que los efectos malignos podrían no manifestarse en el organismo alimentado con glifosato, o ni siquiera en sus hijos, sino en las dos generaciones posteriores.

Lo cierto es que no conocemos con certeza la magnitud de los efectos adversos de este agroquímico y mientras comemos y bebemos sin preocuparnos demasiado, Argentina es el país que más glifosato utiliza a nivel mundial. El tiempo dirá si las preocupaciones actuales están a la altura de las circunstancias o en realidad se está produciendo una catástrofe ambiental y sanitaria de la cual solo sabremos su verdadero alcance en las décadas por venir.

Nota de Abel Sberna, publicada en El Rompehielos