Hacete una pistola con tu impresora 3D y cerremos todo

El debate acerca de la posesión de armas en Estados Unidos se ha globalizado a partir de la posibilidad de que con una impresora 3D, cualquier persona pueda descargarse los planos  que una ONG quiere poner en Dominio Público, e imprimir, pistolas y rifles imposibles de rastrear. El plan no tan secreto de una organización estadounidense de fanáticos de la muerte para permitir a todos imprimirse armas en 3D.

Es casi imposible figurarse el panorama que abre este cruce de tecnología real y locura estadounidense. Juntemos las piezas. Primero, aunque no sean muy difundidas en nuestro medio, existen unas máquinas llamadas ‘impresoras 3D’ que si cuentan con los planos correctos, pueden crear cualquier cosa a partir de un filamento de plástico o metal.

Estas máquinas están limitadas por su tamaño al volumen físico de lo que pueden “imprimir”, porque básicamente, producen objetos pequeños, aunque fabricando piezas individuales luego puede ensamblarse un artefacto mayor, e incluso modelos especiales han logrado fabricar casas enteras. Actualmente, estas impresoras son una curiosidad entre geeks y tecnófilos. En territorio estadounidense donde hay cerca de 300 mil, su precio oscila entre los 500 y los 3.000 dólares.

Un elemento confluyente a este debate lo ha instaurado la obsesión norteamericana por entender -a partir de la segunda enmienda en su Constitución- que una democracia es más libre si cualquiera puede conseguir las armas que desee. En Estados Unidos existe la “Asociación del Rifle”, que aboga por la libre posesión de armas. En su momento dirigida por el mítico John Wayne, en un país asolado periódicamente por masacres en colegios, competencias deportivas y espectáculos públicos, los conservadores opinan que la mejor política sería que TODOS lleven armas consigo: de ese modo, si alguien, por ejemplo, entra a una escuela con un rifle, cualquier docente lo podría detener disparándole si también porta un arma… En ese contexto, más de 8 mil personas han muerto durante 2018 en ese país, en cerca de 33 mil incidentes.

Subamos un poco la apuesta. Hace cinco años, el estadounidense Cody Wilson diseñó una pistola, a la que llamó “Liberator”, cuya característica principal es que se puede fabricar de forma distribuida y anónima usando cualquier impresora 3D. Y funciona, al menos una vez. Luego dejó disponibles esos planos para que cualquiera pudiera obtenerlos: fueron descargados 100.000 veces en pocos días (aunque no es seguro que todos imprimieron la pistola). Nadie había sospechado el impacto social que podría provocar la distribución libre, gratuita y sin regulación alguna de un arma de fuego cuya fabricación, a partir de 15 piezas de plástico impreso -y un percutor de metal-, apenas requiriese conocimientos técnicos. A partir de eso, el gobierno le prohibió seguir con la distribución.

Si bien es cierto que obtener los planos es fácil, las impresoras 3D aún no están muy difundidas. Además, aunque bajarse los planos de un arma puede no ser un delito, imprimirla (y poseerla) puede estar prohibido en muchos países. Internet ha hecho que un tema interior estadounidense, como es su locura por las armas, pueda “intoxicar” otros escenarios. En otros países, no preocupan tanto las armas, porque son un bien relativamente escaso. Sin embargo, si es tan simple conseguirlas, todos estaremos en condiciones de disponer de una…

Lo verdaderamente importante es que, a partir de la difusión de Internet, han proliferado los sitios oscuros que publicitan instrucciones para hacer bombas, armas y venenos, entre otras cuestiones polémicas. Muchas veces, las instrucciones no son simples, e incluso lo que se fabrica puede ser peligroso de usar para su operador. En este caso, a partir de un diseño probado, el arma es fácil de ensamblar y perfectamente funcional, aunque sirve para un solo disparo porque es de plástico. Y aquí está el tema: ningún escáner de seguridad puede detectar la pistola ‘Liberator’ ya que está fabricada en plástico ABS. Y en el caso de que se encuentre una, tampoco es rastreable, ya que al no contar con una marca o número de serie no se puede identificar ni su origen ni su historial, o sea es imposible saber de dónde viene.

Potencialmente, se está poniendo en manos de cualquier persona una pistola barata y prácticamente irrastreable, pasando por encima de las legislaciones nacionales de cada país. Aún en Estados Unidos, esto ha disparado un fuerte debate. A principios de julio, la revista WIRED informó que el grupo de acceso a las armas “Defense Distributed“, o sea “defensa distribuida” una organización sin ánimo de lucro y ferviente defensora del uso de armas por parte de la población civil, había obtenido un acuerdo clave en su demanda contra el Departamento de Estado, ganando el derecho de publicar los planos y modelos CAD para prácticamente cualquier arma comercialmente disponible. A partir de ello, dispondría los archivos listos para ser descargados de la web para ser cargados en una impresora 3D o en una fresadora controlada por computadora, y de ese modo cualquiera pudiera producir un arma letal en la privacidad no regulada del fondo de su casa.

Para nosotros un grupo de gente así calificaría para etiquetarlos como una manga de psicópatas, pero ellos se definen como partidarios y defensores de la Primera Enmienda (a la constitución de Estados Unidos) que protege los derechos a la libertad de religión y a la libertad de expresión respecto de la interferencia del gobierno, lo que impide que el Estado les prohíba publicar los planos de las armas. La segunda enmienda es una ley que protege (allá en el Norte) el derecho del pueblo a poseer y portar armas. Ello fue impulsado originalmente en un contexto caracterizado por la inestabilidad de una nación en formación. O sea, pudo ser útil en ese momento particular pero ese tiempo ya pasó. Aunque a otros el terrorismo les dio nueva justificación, porque al desdibujar la línea entre un arma y un archivo digital, Wilson también ha borrado las líneas entre la Segunda Enmienda y la Primera.

El argumento del gobierno de EEUU para impedir la publicación libre de los planos reside en que infringe cuestiones de contrabando de armamento, aunque sus representantes deben cuidarse de decir que no están intentando aprobar ninguna medida de control de armas. Actualmente el requisito que establece la ley es que las armas impresas contengan un trozo de metal desmontable diseñado para que fueran detectables en los escáneres. Avanzar un paso en esa dirección implicaría que un componente central imprescindible del arma tendría que estar hecho de metal detectable.

Para algunos, el impulso a estos grupos pro armas, para un tema que existe hace años, lo ha dado la administración Trump. Esta organización armamentista ya se enfrentó a la administración Obama en 2013, cuando fueron prohibidos los diseños e instrucciones del modelo «Liberator», que se podía crear con cualquier impresora 3D del mercado. En ese momento, el gobierno consideró que el hecho de que proliferaran este tipo de armas sin control, sin autorización y sin número de registro, suponía un gran problema para la población.

Como reacción, en 2015 “Defense Distribuited” elevó una queja por la prohibición de la distribución de sus planos de armas ante el Tribunal de Texas, estado en el que nació esta ONG. Con Donald Trump como presidente, el gobierno federal acordaba con Wilson que permitiría hacer públicos en internet los planos de las armas de fuego sin restricciones a partir de principios de agosto. La batalla de Wilson ha pasado de desafiar o eludir la ley, a llevar su batalla a los tribunales para cambiarla. Al hacerlo, ahora no solo ha derrotado una amenaza legal a su propio proyecto de armería amateur. También puede haber desbloqueado, queriéndolo o no, una nueva era de fabricación digital de armas “de bricolaje” que demuele el control de armas en los Estados Unidos… Y el mundo entero. Un paso más hacia el futuro imaginario de Wilson donde cualquier persona puede fabricar un arma mortal en su casa sin supervisión gubernamental.

Si lo que él quiere se le posibilita, desde el primer arma imprimible 3D, la Liberator, hasta cada pequeño componente de un rifle AR-15, todo estará disponible para cualquier persona en cualquier parte del mundo que tenga acceso a Internet, quien para descargar, alterar, mezclar las piezas para fabricar armas letales con herramientas como impresoras 3D y fresadoras controladas por computadora.

Actualmente la tarea central de la empresa que sostiene a Defense Distributed es escanear (en 3D) cada pieza de las armas más populares para ponerlas a disposición de aquel que desee imprimirlas. “Estamos haciendo el trabajo enciclopédico de recopilar esta información y ponerla en dominio público“, dice él.  Y afirma: “Lo que está por ocurrir es una explosión cámbrica del contenido digital relacionado con armas de fuego“. Quiere que esa base de datos y la evolución inexorable de las armas caseras que ayuda a hacer posible, sirvan como una especie de baluarte contra todo control futuro de armas, demostrandolo inútil al hacer que el acceso a las armas sea tan omnipresente como Internet.

Wilson sostiene que los esfuerzos de los Aliados para liberar Europa en la Segunda Guerra Mundial inspiraron en parte el desarrollo del arma de fuego imprimible. Antes de la invasión, recuerda, contemplaron dejar caer armas tras las líneas enemigas para el uso de los combatientes de la resistencia en los territorios ocupados. Ese modelo de pistola fue llamado originalmente Liberator, aunque el proyecto de su distribución al final no se concretó.

La pistola “Liberator” originalmente diseñada en la segunda guerra

En vez de dejar caer armas en Europa, las dejamos caer en internet”, expresa Wilson. Seguramente si uno le acotara que así le será más fácil a los criminales hacerse de ellas, responderá que de ese modo también las obtendrán los honestos. Que si un marido puede dispararle a su esposa con una, también ella podrá hacerse de otra para defenderse. Con lo que así como cada casa puede ser una fábrica de armas, también podría convertirse literalmente en un campo de batalla. Algo que para nosotros es muy difícil de entender en su filosofía de: “Las armas deben tenerlas los buenos para parar a los malos” (sin saber cómo nos ponemos en esa categoría) similar a la lucha por el equilibrio de misiles nucleares que alimentó el armamentismo durante la guerra fría… Actualmente, la medida no está firme porque la Justicia de Estados Unidos bloqueó la publicación prevista para principios de Agosto de todos los manuales para imprimir armas 3D porque ello supondría “una probabilidad de daño irreparable”.

Vista desde el sur, la lucha de Wilson es incomprensible. El se describe a sí mismo como un tecnolibertario, un provocador que defiende la libertad de expresión y un hereje de internet como Assange, pero quienes lo critican sostienen que busca la atención de los medios y es un vendedor ambulante del “terrorismo de código abierto”. Para él, la lucha por la publicación de sus planos se trataba menos de las armas y más de la renegociación de la relación entre los ciudadanos y el Estado. “Creo que el Estado debe ser tan débil como sea posible en comparación con el ciudadano”, resumió.

La postura apropiada del Estado es una en la que por lo menos le tema al ciudadano, no una en la que lo rija. Si el código es el habla, las contradicciones constitucionales son evidentes“, explicó Wilson cuando presentó por primera vez el pleito en 2015. Y qué pasa si este código es un arma, puede uno preguntarse… “Considero que es algo grandioso“, responde Wilson. “Será una parte irrevocable de la vida política que las armas puedan descargarse, y ayudamos a hacer eso“, concluye.

Básicamente, los norteamericanos nos han cargado a todo el mundo con otro de sus problemas. Entre nosotros, que no cargamos con una cultura de armas, ponerlas a disposición de todo el mundo puede alterar los balances de poder, aumentando las escaladas de violencia. Esperemos que no suceda que dentro de unos años, así como un tal Zuckerberg rediseñó la manera de relacionarnos hoy, esto no genere en el futuro un facebook de los conflictos personales.