Y que en paz no descanse

Falleció este domingo 28, en Santo Tomé (provincia de Corrientes), a los 86 años. Condenado a cadena perpetua en el primer tramo del juicio Monte Pelloni, y cumpliendo con prisión domiciliaria, murió el represor Ignacio Aníbal Verdura. Entre 1975 y 1977, tiempos de la última dictadura cívico-empresario-militar, tuvo a su cargo el Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz” de Olavarría entre 1975 y 1977.

Ignacio Aníbal Verdura. Un nombre. Un represor. Tres escenarios. Tal vez, cuatro. O más. La casa de calle Dorrego, entre La Madrid y España. La cementera Loma Negra. Un campo en cercanías de Colonia San Miguel. El ex centro clandestino de detención, tortura y desaparición Monte Pelloni.

En febrero de 2012, en el Aula Magna del rectorado de la Unicen se lo nombró, en el marco de un juicio por crímenes de lesa humanidad. Fue en el marco del testimonio de Susana Lofeudo, viuda del abogado laboralista Carlos Alberto ‘El Negro’ Moreno, secuestrado en Olavarría y asesinado en inmediaciones de la Quinta de los hermanos Emilio y Julio Mendez, en Tandil, en 1977. El fondo de la casa que alquilaba el abogado, como estudio en donde atendía los casos de los trabajadores cementeros afectados con silicosis, era lindero con la residencia del Ejército, ocupada en ese entonces por el teniente Ignacio Aníbal Verdura.

Pasaron dos años de ese juicio en el que se condenó a tres militares y a dos civiles, cuando tuvo su inicio el primer tramo del juicio por los secuestros y torturas ocurridos en Monte Pelloni. “Necesito estar en la primera fila. Yo le dije hace treinta y siete años a Verdura que alguna vez íbamos a volver a estar frente a frente“, dijo Susana Lofeudo. Volver a ver a Verdura, en ese septiembre de 2014 con 82 años e ingresando con un bastón, la depositó en el pasado, en esa noche del 29 de abril de 1977, cuando embarazada y en absoluto estado de desesperación, corrió hasta esa casa vecina a gritarle: “Dígame, Verdura, ¿dónde está mi marido?“.

Por la represión en Monte Pelloni, el juez federal Juan José Comparato, de Azul, libró una orden de detención contra el ex general el 26 de mayo de 2009, que se hizo efectiva en Paso de los Libres ese 17 de junio. Verdura, alegando sus 77 años de edad, solicitó y le fue concedida la prisión domiciliaria. En julio de 2010, Claudio Puntel, periodista del blog Río Bravo, lo fotografió violando esa modalidad de prisión, mientras paseaba, con total impunidad, por la plaza de Santo Tomé. En aquel entonces, Puntel señalaba: “Otro genocida, torturador, desaparecedor, entregador de jóvenes, asesino, secuestrador y golpista que vuelve a pasearse impunemente por las calles, violando la prisión domiciliaria a que fue condenado. (…) El general retirado Verdura, todas las tardes sale a pasear como si fuera uno más del pueblo”.

En la ‘fragilidad’ de un anciano de ochenta años, quien supo ser la ‘cabeza’ del circuito represivo de esta zona bonaerense. Sin embargo, en la mirada, intacto el signo de la muerte, del terror, del cinismo y de la impunidad del pacto de silencio. Tal lo marcado por el expediente de la causa Monte Pelloni, Aníbal Ignacio Verdura fue juzgado en su rol de Teniente Coronel del Ejército, en carácter de Jefe del Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz” de Olavarría, y Jefe del Área Militar 124 a su cargo, dependiente del Comando de la Primera Brigada de Caballería Blindada con asiento en Tandil (integrante de la Zona de Defensa 1, Subzona 12 -conf. Directiva del Comandante en Jefe del Ejército 404/75).

En el debate realizado en el otrora Salón de Usos Múltiples del edificio de Aulas Comunes del Campus olavarriense de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, se investigaron los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos y homicidio calificado, cometidos en el circuito represivo que comprendía los Centros Clandestinos de Detención (CCD) Comisaría de Olavarría, Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz” de Olavarría, Brigada de Investigaciones de Las Flores, Monte Pelloni (Sierras Bayas de Olavarría) y el CCD “La Huerta” de Tandil (en la intersección de la Ruta Nacional 226 y camino a la Base Aérea Militar Tandil, a cargo del Comando de la Brigada de Caballería Blindada).

Además de la responsabilidad de los centros clandestinos a su cargo, como Monte Pelloni y el que funcionó propiamente en el Regimiento de Caballería de Tanques 2, Verdura no perdió el tiempo a la hora de vincularse con la oligarquía olavarriense: desde reuniones en el Rotary hasta asados en campos de Amalia Lacroze de Fortabat, entre militares, empresarios y vinculados al campo.

En octubre de 1977, Verdura consiguió un ascenso en la Comisión de Asuntos Legislativos (CAL), y mantenía su influencia en la zona. De hecho, seguía viviendo en la ciudad. Pocos años después, en el comando Zona 4 de Campo de Mayo, Verdura llegó a conducir el área 430.

Cacho Fernández declarando en el primer tramo del Juicio Monte Pelloni, rodeado por las miradas de los represores Verdura, Grosse, Ferreyra y Leites.

Ya en tiempos democráticos, Ignacio Aníbal Verdura llegó a General durante el gobierno de Raúl Alfonsín. En febrero de 1985, el pliego de ascenso a general de Verdura fue al Senado. La APDH olavarriense se opuso y repudió la decisión, denunciando su actuación en la dictadura. De hecho, su nombre aparecía en todas las denuncias por secuestros, torturas y desapariciones, por familiares de las víctimas de la represión y por los sobrevivientes. En defensa de Verdura, referentes del poder de la ciudad no dudaron en estampar su firma en una solicitada que se publicó en el diario El Popular. “Como amigos que somos del coronel Verdura, cuyas calidades personales, más allá de sus aptitudes profesionales pudimos valorar durante su actuación en Olavarría al frente del Regimiento 2 de Tanques”, pretendieron hacer oír su “reivindicación ante el agravio” de la APDH de Olavarría, por la “amistad y respeto ganado en el ámbito local por su caballerosidad e integración a la comunidad olavarriense”.

Esas solicitadas, así como resaltaban la belleza y generosidad de Verdura, negaban todo vínculo suyo con la represión ilegal. Desde comerciantes, empresarios, abogados, hasta agroganaderos, banqueros y proveedores de seguros, como indican las periodistas Claudia Rafael y Silvana Melo, firmaron, entre otros: Juan G. Becker (dueño de una empresa láctea); Octavio F. Oliva y Federico Prester (periodistas de El Popular y de Tribuna); Pedro Ressia (martillero); Salvador Aitala (empresario fideero); Héctor M. Eyheramendy (dirigente ruralista); Mariano Girgenti y Mario Giaquinta (empresarios de seguros); Antonio Alem (dueño de una cabaña); Branko Zuljevic (directivo de una empresa de bolsas industriales); Pedro P. Cura (contador); Edgardo A. England (empresario inmobiliario); Mario Elbey (panadero); Torcuato Emiliozzi (uno de los hermanos Emiliozzi); Eusebio Bouciguez (empresario); Carlos Blando (dueño de una cochería); José Buglione (estanciero); Fermín Cajén (agroganadero); Roque Modarelli (repuestos de automóviles, con contactos en el TC); y Vicente R. Tesone (estanciero).

El 5 de agosto de 2014 se abrió un nuevo capítulo en la historia de la Ciudad del Cemento: muchos oídos no daban crédito de estar escuchando en las radios capitalinas que el tan buscado nieto de Estela de Carlotto había sido hallado en Olavarría. Faltaba poco más de un mes para el inicio del Juicio Monte Pelloni 1; poco más de un mes para que la oscura trama de la represión en esta ciudad bonaerense comenzara a revelarse… Y se sumaba un nuevo elemento al circuito. Y en esa nueva línea de investigación, el nombre del coronel Ignacio Aníbal Verdura volvía a repetirse, esta vez de la mano de su relación con el ganadero Carlos Francisco ‘Pancho’ Aguilar.

En Aguilar, “la punta del iceberg para reconstruir el camino que recorrió el nieto de Estela de Carlotto desde que se lo arrancaron de los brazos de Laura”, escribieron Laureano Barrera y Victoria Ennis, para InfoJus Noticias. A través de la actividad hípica y de ciertas cenas, Aguilar tuvo contacto con varios militares del Regimiento de Caballería de Tanques 2 (a cargo de Verdura, a quien se señalaba ‘el hombre fuerte de Olavarría’).

Fallecido Aguilar en marzo de 2014, un allegado le acercó a Ignacio la información de que no era hijo biológico de Juana y Clemente, y que su llegada a la casa de sus padres adoptivos fue obra de Aguilar, el patrón de la estancia. Teniendo en cuenta que otros hijos apropiados de desaparecidos fueron bautizados con nombres relacionados a contactos de sus apropiadores, que Ignacio lleve el mismo nombre que Verdura, entonces ‘padre castrense’ del partido al que se lo destinó, ha sido motivo de sospecha, presunciones y conjeturas varias.

En diciembre de 2014, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mar del Plata -integrado por los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Néstor Parra- impuso el lunes 29 de diciembre de 2014, la pena de condena perpetua para Aníbal Ignacio Verdura, Walter Grosse y Omar Ferreyra por crímenes de lesa humanidad; y ocho años de prisión para Horacio Leites. Verdura fue condenado a prisión perpetua por los homicidios de Jorge Oscar Fernández y Alfredo Serafín Maccarini, y por las desapariciones de los matrimonios de Juan Carlos Ledesma y Amelia Isabel Gutiérrez y Rubén Argentino Villeres y Graciela Follini; además de varias privaciones ilegales de la libertad y tormentos agravados, como los casos de Carlos Leonardo Genson, Osvaldo Raúl Ticera, Osvaldo Roberto Fernandez, Lidia Araceli Gutiérrez, Francisco Nicolás Gutiérrez, Mario Elpidio Méndez, Néstor Horacio Elizari, Eduardo José Ferrante, Carmelo Vinci y Roberto Edgardo Pasucci, entre otros.

Verdura estaba siendo juzgado en la actualidad en la Causa Monte Peloni II, que se sustancia en el Tribunal Federal de Mar del Plata, por más casos de secuestro, tormentos y desaparición de personas. Además, se sumó la causa de la fábrica olavarriense FABI a esta instancia del juicio, en donde también se encontraba imputado. Durante la audiencia del 10 de noviembre de 2017, formalizada la instancia de indagatorias, Ignacio Verdura y Horacio Leites, en calidad de imputados, lo hicieron por videoconferencia desde Paso de los Libres, sin prestar declaración.

Ignacio Aníbal Verdura. Un nombre que supo desatar álgidas discusiones y remarcando grietas propias de una sociedad como la olavarriense que no termina de resolver ni cicatrizar heridas. Verdura se encontraba internado en el Hospital San Juan Bautista, de Santo Tomé, en el contexto de su prisión domiciliaria. Este martes será velado, en presencia de sus hijos (arribados desde Estados Unidos), y sepultado en el cementerio Santo Tomás Apóstol de Santo Tomé. Condenado, en el marco de un juicio con todas las garantías constitucionales; no regidos por la voluntad de quienes se creyeron dioses para decidir entre la vida y la muerte en el infierno de los centros clandestinos de detención, tortura y desaparición. Velado y sepultado con el acompañamiento de sus familiares, en un lugar cierto, determinado y sabido por todos; mientras tanto, familias enteras, desde hace más de cuarenta años, aún se encuentran en la búsqueda de los cuerpos que el mismo Verdura aportó a desaparecer y a la continuidad de la impunidad y del dolor de quienes ni siquiera han tenido el derecho al duelo.