¿Olavarría ciudad insalubre?

El campo verde y oro, rebosante de vida, que rodea la ciudad gris, promete la cosecha de la tierra para nuestra patria chica. El arroyo corre rumoroso por la llanura; en el alto cielo azul, el aire puro se calienta con el sol de verano… Pero puro… ¿Realmente puro? Diversas industrias han afectado las condiciones naturales en el centro de la provincia, a punto tal que no sean tan diáfanas como podría esperarse. Compendio de las diversas amenazas ambientales que, al parecer, acechan a quienes habitan la ‘Capital del Cemento’.

El agua es un elemento vital para sostener la vida humana a lo largo de su historia: Tanto para personas como para animales, riego e higiene elemental. Un curso de agua solía ser el eje del poblamiento, tanto si había una fundación formal como si se trataba de la instalación espontánea de los que buscaban sustento. Es el caso de Olavarría, que, tras sucesivos intentos, siempre ocupó las márgenes del arroyo Tapalqué. En tiempos más cercanos, la posibilidad de conseguir agua a partir de pozos era lo que determinaba la habilitabilidad de un terreno. Actualmente, los servicios de agua potable aseguran un agua consumible, pero… ¿hasta qué punto es eso lo asegurado?

En noviembre de 2016, se conoció un trabajo, publicado en revistas científicas internacionales, producido por el Centro Cochrane Argentino IECS (institución académica afiliada a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires -UBA-), y divulgado por el diario La Nación. Allí se afirmaba el revelador resultado de un estudio: un alto porcentaje de muestras de agua extraídas de Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Mendoza, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Santa Fe, contenían niveles elevados de arsénico.

Los datos surgían de la primera revisión sistemática de la epidemiología del arsénico en Argentina. Según este estudio, el 87% de las muestras de agua de consumo de la provincia de Buenos Aires en áreas endémicas contiene arsénico en niveles elevados; y la población de diversas localidades consume agua contaminada porque el agua de red, a la que puede acceder, tiene esta sustancia o porque consume agua de pozo con altos contenidos de ella. En números, en ese entonces, cuatro millones de argentinos vivían en áreas contaminadas con arsénico, y entre ellas estaba Olavarría.

En 1993, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que, para el consumo, la cantidad de arsénico por litro de agua no debe superar los 10 µg (microgramos). Sin embargo, la mayor parte del agua de la corteza terrestre de la provincia de Buenos Aires supera ese límite, por lo que no resulta apta para el consumo.

El arsénico es un metaloide de origen natural que está presente en la corteza terrestre. Proviene de la disolución de minerales, la erosión, la desintegración de rocas y la deposición atmosférica. Contamina el agua subterránea y también las aguas superficiales. La contaminación con arsénico en la Argentina está asociada con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas graves como el hidroarsenicismo, o incluso el cáncer. Por esta razón, las localidades que presentan altos niveles de arsénico en el agua deben realizar un tratamiento especial para eliminar ese contaminante, para que el agua adquiera la calidad necesaria para ser potable. La cooperativa que provee agua en la ciudad salió a responder, tras el informe que ubicaba al partido de Olavarría como zona crítica: afirmó institucionalmente que el agua que distribuía se podía consumir, pues cumplía con todos los parámetros bacteriológicos y físicoquímicos, o sea que realizaba todos los procedimientos necesarios para hacer al agua potable, especialmente en Espigas. La gente no quedó conforme pero el tema pasó.

Tampoco el arroyo Tapalqué, que atraviesa la ciudad, se salva de la contaminación. En 2012, la Dirección de Acción y Control Urbano colocó en sus márgenes cartelería referida al Decreto 78/12, que establecía la prohibición de bañarse en el arroyo Tapalqué, por la falta de aptitud de las aguas. Esto se originaba en un informe realizado por la Dirección de Inspección Sanitaria y Bromatología de diciembre de 2011, que indicaba que, analizadas las aguas del arroyo Tapalqué en distintos lugares, los resultados demostraban que los valores obtenidos superaban los límites para los parámetros microbiológicos.

Coincidentemente, la Facultad de Ingeniería de la UNICEN había realizado un estudio científico sobre las aguas del arroyo Tapalqué. Allí se daba cuenta de la presencia de elementos nocivos para las actividades recreativas, especialmente manganeso, hierro y zinc-aunque con valores por debajo de los límites normales-, y mercurio, plomo y arsénico, así como coliformes, lo que indicaba contaminación con aguas negras u otro tipo de desechos en descomposición. En muchos casos, los valores obtenidos para estos últimos superaban los límites para los parámetros microbiológicos aceptables.

A comienzos de 2018, la seccional Olavarría del Sindicato de Guardavidas Unidos de la República Argentina (SIGURA) denunció el cierre aparentemente definitivo del ex balneario municipal a partir de la apertura de sus compuertas, con el consiguiente vaciamiento de las aguas de su embalse, aparentemente con la intención de evitar que fuera usado por la población para refrescarse y como esparcimiento. En su comunicado, expresaban que, ante la negativa del Estado de crear un espacio de balneario público que concentre a la población en un ambiente seguro, el arroyo local se sigue cobrando vidas, como ha pasado en los últimos días. En ese contexto, la entidad reclamaba que se efectuaran estudios para determinar las reales condiciones de salubridad de las aguas y desarmar los argumentos esgrimidos por las autoridades municipales.

La lluvia es benéfica para las cosechas, pero si es ácida es un peligro para la vida. Se forma cuando la humedad del aire se combina con los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre y el trióxido de azufre emitidos por fábricas, centrales eléctricas, calderas de calefacción y vehículos que queman carbón o productos derivados del petróleo que contengan azufre. En interacción con el agua de la lluvia, estos gases forman ácido nítrico, ácido sulfuroso y ácido sulfúrico. Finalmente, estas sustancias químicas caen a la tierra acompañando a las precipitaciones, constituyendo la ‘lluvia ácida’, que corroe construcciones, infraestructuras y a quienes se exponen a ella.

Si bien el filtro catalítico que las empresas cementeras locales pusieron en 1978 redujo la emisión de polvos al ambiente, al tiempo que mejoraron el rendimiento en la producción, los obreros de las fábricas dicen, en voz baja, que algunas empresas quemarían -en invierno, cuando otros combustibles son más escasos- carbón de baja calidad y alto en azufre, proveniente de Medio Oriente. Tipo de carbón que, al quemarse, libera ácidos al medio ambiente. Cuestión que debería ser investigada por los funcionarios competentes de la cartera estatal responsable de su control.

Se conoce que desde fines de la década del ’90, algunas cementeras queman Recyfuel, un combustible alternativo para hornos de cemento, fabricado por la empresa Recycomb, a partir de residuos industriales que compra a distintas firmas. Según Greenpeace, en un informe acerca de la quema de residuos peligrosos, durante la incineración se liberan a la atmósfera desechos que, a altas temperaturas, pueden formar otros compuestos, algunos de ellos tóxicos denominados Productos de Combustión Incompleta o PICs. Entre los PICs que se han identificado en diversos incineradores, se encuentran sustancias tan tóxicas como las dioxinas, los Bifenilos Policlorados (PCBs)y el hexaclorobenceno. Algunos de estos PICs son persistentes y bioacumulativos: persisten en los organismos y se van acumulando en los animales mientras se sube en la cadena alimentaria.

En realidad, la quema de residuos peligrosos es un gran negocio, debido a que el combustible que antes se pagaba caro (Gas o gasoil) ahora es muy barato o directamente se cobra por hacerlo desaparecer (Recyfuel, Combustec, etc.). Entretanto, se contamina el medio ambiente silenciosamente.

La compañía eléctrica local instaló en los 80s una serie de anillos concéntricos de alimentación eléctrica de media tensión, que cubren la ciudad para atender a la demanda de consumo domiciliario y comercial, a pesar de que diversos estudios han establecido que pueden producir enfermedades. Las investigaciones indican un aumento de las tasas de mortalidad por leucemia en niños que habitan casas cercanas a tendidos de alta tensión. En ese sentido en 1974 la Unión Soviética, a partir del llamado «Informe Korobkova» que mostró que la mayoría de los casos de muerte súbita de lactantes se producía cerca de líneas de alta tensión, dictó una ley según la cual estas líneas deben situarse a una distancia mínima de 110 metros de las edificaciones, lo que corroboró en Alemania el ingeniero Egon Eckert. Por otro lado en 1979 la epidemióloga estadounidense Nancy Whertheimer evidenció estadísticamente que la mayoría de los hogares de Denver donde residían niños afectados de cáncer estaban expuestos a los campos electromagnéticos provenientes de los transformadores y líneas primarias del tendido eléctrico callejero.

Por otra parte, no es claro si esa misma empresa ha dejado de usar completamente en sus transformadores el temible PCB, aunque lo afirme. Este material es un aislante que se determino hace décadas que es nocivo, aunque algunos argumentan que solamente es peligrosa la exposición continua a él. En Argentina una investigación de «Telenoche investiga» conducida en el año 2000 por Miriam Lewin llamada «La lista de Mabel» que describía la lucha de Mabel Bastía por descubrir la causa de la leucemia de su hijo hizo que se prohibiera por ley el uso del PCB. En esa ocasión superpusieron mapas eléctricos del gran buenos aires con mapas que mostraban víctimas de cáncer para encontrar una evidente correlación. En nuestro caso hay quienes opinan que éstos transformadores siguen usándose en sectores rurales alejadas de la población, y nadie dispone de un mapa del cáncer local como para superponerlo espacialmente con otras cuestiones que podrían constituir amenazas contra la salud.

Sin embargo, es evidente que sería necesario estudiar seriamente los efectos reales que pueden producir estas emanaciones en la población. En febrero de 2010 se conoció un estudio realizado en 2009 que mostraba que el cáncer era la principal causa de muerte en la ciudad, dejando en el segundo lugar a las enfermedades cardiovasculares. En Olavarría fallecen anualmente unas 1.000 personas por causas de enfermedades, y de ellas los fallecimientos por tumores alcanzaron en 2009 los 225 casos o sea una persona de cada cuatro.

Esto significa que el cáncer es la primera causa de muerte en la ciudad, más allá de que haya muchos fallecimientos mal definidos, que en los partes de defunción figuran como «paro cardiorrespiratorio». En esa ocasión los principales tipos de cánceres encontrados eran el de pulmón y el de mama, seguidos por el de aparato digestivo, cuello uterino, próstata y sistema urinario. El número de casos era levemente superior a la media del país, y además se observaba un notorio aumento en los casos respecto a años anteriores según el estudio.

Lo llamativo era que la distribución era mitad hombres y mujeres -cuando los primeros suelen contraer mas la enfermedad- y la edad de los pacientes, pues casi el 40% eran menores de 70 años. Y había mucha incidencia entre los 20 y los 50 años, incluso en menores de edad. O sea que en muchos casos la enfermedad se relacionaba con la ingesta de agua y aire (cáncer estomacal y de pulmón) aunque éste último podía relacionarse con el tabaco. Y que estaban muriendo muchos jóvenes, mas de los que se esperaría.

Es importante entender que el efecto sobre las personas no se produce sólo por inhalar los contaminantes suspendidos en el aire, sino que los compuestos salidos de las chimeneas de incineración se van acumulando en el organismo. Como las dioxinas se concentran en agua, plantas y animales subiendo la escala alimentaria lo que se coma o beba -además de los que se respire- resulta perjudicial por acumulación. Vivir mata.

Olavarría sigue teniendo ese intenso tono azul en su cielo. El horizonte amplio nos hace sentir ínfimos frente a la pampa húmeda que se extiende a nuestros pies. Pero una tormenta invisible oscurece el panorama. Es el peligro de vivir en una patria insalubre. Amenaza que deberíamos comenzar a considerar…
Un reconocimiento profundo a quienes describieron e investigaron anteriormente esas cuestiones, especialmente Marcelo Sarlingo y Walter Minor, cuyas ideas inspiraron estas líneas que intentan simplemente compilar información que ya existe dispersa para  divulgarla…